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miércoles, 20 de junio de 2018

Las deudas de Balzac



Durante sus años de pobreza, Honoré de Balzac vivió en una buhardilla sin calefacción y semiamueblada. Tenía una larga lista de deudas, lo que hacía que constantemente estuviera rodeado de acreedores.

En cierta ocasión uno de ellos, harto de no cobrar lo que le debía el novelista francés, se le acercó y le dijo:

«Mire usted, Monsieur, mañana debo pagar una deuda muy importante y le agradeceré mucho que tenga a bien pagarme usted hoy»

Balzac fingió estupefacción y replicó a su acreedor:

«¡Muy bonito, usted se dedica a contraer deudas y viene a mi casa con la intención de que yo se las pague! »



domingo, 17 de junio de 2018

¿Quién fue La Chata?



Se llamó así a la hija de la reina Isabel II de España y fue la Borbón más querida y popular.

La Borbón más querida por el pueblo nació en Madrid el 20 de diciembre de 1851. Isabel de Borbón y Borbón, conocida popularmente como La Chata, fue la hija primogénita de Isabel II y Francisco de Asís de Borbón (aunque se cree que su verdadero padre fue el duque de Baena, amante de la reina). Como tal, ostentó los títulos de infanta de España y princesa de Asturias –hasta 1857, fecha del nacimiento de su hermano Alfonso XII–, adquiriendo más tarde el de condesa de Girgenti por su enlace con Cayetano de Borbón-Dos Sicilias en 1868. Su matrimonio fue breve y desgraciado: no tuvieron descendencia y su marido, epiléptico y mentalmente inestable, se suicidó pegándose un tiro en 1871.

Con la proclamación del príncipe Alfonso como rey de España en 1874, se convirtió por segunda vez en princesa de Asturias y heredera al trono, hasta que nació su sobrina María de las Mercedes en 1880. Pero, pese a no desempeñar ninguna responsabilidad oficial (o precisamente gracias a eso), Isabel fue la más popular de su familia debido a su carácter afable, su gusto por los toros –no se perdía una corrida y era amiga de muchos toreros– y su naturalidad en el trato con la gente: cuando miembros de la Familia Real le reprocharon que se mezclase con el populacho, replicó: "Al que no le guste, que no mire". Debido a esa simpatía y a su pequeña nariz, el pueblo la apodó La Chata y ella se mostró encantada con el mote.

Fue tanta su popularidad que, cuando en 1931 se proclamó la Segunda República y se envió al exilio a Alfonso XIII (su sobrino) con toda su familia, con ella se hizo una excepción: si lo deseaba, podía quedarse en España. Pero La Chata, casi octogenaria y con la salud ya maltrecha, declinó la oferta y partió con los suyos a Francia. Sólo cinco días después, el 23 de abril de 1931, falleció en un convento de Auteuil, cerca de París, y fue enterrada en el país vecino. Sesenta años más tarde, en 1991, sus restos serían repatriados a España por orden de Juan Carlos I.