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viernes, 7 de abril de 2017

Un día, mientras caminaba por la calle



Un día, mientras caminaba por la calle, un dirigente de un importante partido político fue trágicamente atropellado por un camión y muere.


Su alma llega al paraíso (se cree que por un error) y se encuentra con San Pedro en persona.

– Bienvenido al paraíso, le dice San Pedro – antes de que te acomodes, parece que hay un problema. Verás, muy raramente un alto político ha llegado aquí y no estamos seguros de qué hacer contigo. Lo que haremos será hacerte pasar un día en el infierno y otro en el paraíso, y luego podrás elegir dónde pasar la eternidad.

Y con esto san pedro acompaña al político al ascensor y baja, baja y baja hasta el infierno.

Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un verde campo de golf. A lo lejos se ve un club y de pie, delante de él, están todos sus amigos políticos que habían trabajado con él, todos vestidos con trajes de noche y muy contentos.

Corren a saludarlo, lo abrazan y recuerdan los buenos tiempos en los que se enriquecían a costa del pueblo. Juegan un agradable partido de golf y luego por la noche cenan juntos en el club con langosta y caviar. Comparten la noche con hermosísimas y liberales jovencitas.


Se encuentra también al diablo, que de hecho es un tipo muy simpático y se divierte mucho contando chistes y bailando. Se están divirtiendo tanto que, antes de que se de cuenta, es ya hora de irse. Todos le dan un apretón de manos y lo saludan mientras sube al ascensor. El ascensor sube, sube, sube y se reabre la puerta del paraíso donde san pedro lo está esperando.

Ahora es el momento de pasar al paraíso – le dice. Así que el político pasó las 24 horas siguientes saltando de nube en nube, tocando el arpa y cantando. Antes de que se diese cuenta, las 24 horas ya habían pasado y San Pedro fue a buscarlo.

– Ya has pasado un día en el infierno y otro en el paraíso. Ahora debes elegir tu eternidad – le indica San Pedro.

El hombre reflexiona un momento y luego responde:

– Bueno, el paraíso ha sido precioso, pero creo que he estado mejor en el infierno. Así que San Pedro lo acompaña hasta el ascensor y otra vez baja, baja, baja y baja hasta el infierno.

Cuando las puertas del ascensor se abren se encuentra en medio de una tierra desierta, cubierta de basura y desperdicios. Ve a todos sus amigos vestidos con trapos, recogiendo los desperdicios y metiéndolos en bolsas negras.

El diablo lo alcanza y le pone un brazo en el cuello.

– No entiendo – balbucea el político – ayer estuve aquí y había lindas mujeres, un campo de golf y un club, y bailamos y nos divertimos mucho…. y..y… ahora todo lo que hay es un terreno desértico lleno de porquerías… y mis amigos parecen unos miserables.

– El diablo lo mira, sonríe y dice:

viernes, 24 de febrero de 2017

Si me voy antes que tú



Si me voy antes que tú, no llores por mi ausencia; alégrate por todo lo que hemos amado juntos.

No me busques entre lo muertos, en donde nunca estuvimos; encuéntrame en todas aquellas cosas que no habrían existido si tú y yo no nos hubiésemos conocido.

Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo lo que hayamos creado juntos: en nuestros hijos, por supuesto, pero también en el sudor compartido tanto en el trabajo como en el placer, y en las lágrimas que intercambiamos.

Y en todos aquellos que pasaron a nuestro lado y que, irremediablemente, recibieron algo de nosotros, y llevan incorporado -sin ellos ni nosotros notarlo- algo de ti y algo de mí.

También nuestros fracasos, nuestra indolencia y nuestros pecados serán testigos permanentes de que estuvimos vivos y no fuimos ángeles, sino humanos.

No te ates a los recuerdos ni a los objetos, porque dondequiera que mires que hayamos estado, con quienquiera que hables que nos conociese, allá habrá algo mío. Aquello sería distinto, pero indudablemente distinto, si no hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor durante tantos años; el mundo estará ya siempre salpicado de nosotros.

No llores mi ausencia, porque sólo te faltará mi palabra nueva y mi calor de ese momento. Llora, si quieres, porque el cuerpo se llena de lágrimas ante todo aquello que es más grande que él, que no es capaz de comprender, pero que entiende como algo grandioso, porque cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya sólo pueden hablar los ojos.

Y vive. Vive creando cada día, y más que antes. Porque yo no sé cómo, pero estoy seguro de que, desde mi otra presencia, yo también estaré creando junto a ti, y será precisamente en ese acto de traer algo que no estaba, donde nos habremos encontrado. Sin entenderlo muy bien, pero así, como los granos de trigo que no entienden que su compañero muerto en el campo ha dado vida a muchos nuevos compañeros.

Así, con esa esperanza, deberás continuar dejando tu huella, para que, cuando tu muerte nos vuelva a dar la misma voz, cuando nuestro próximo abrazo nos incorpore ya sin ruptura a la Unica Creación, muchos puedan decir de nosotros: si no nos hubiesen amado, el mundo estaría más triste.