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sábado, 30 de octubre de 2010

AMAR SIN CONDICION (PARABOLA)

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Una
historia que fue contada por un soldado que pudo regresar a
casa después de haber peleado en la guerra de Vietnam:


Un soldado le habló a sus padres desde San Francisco.

- "Mamá, Papá. Voy de regreso
a casa, pero les tengo que pedir un favor:


Traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con
nosotros."


- "Claro," le contestaron, "Nos
encantaría conocerlo."


- "Hay algo que deben de saber",
- el hijo siguió diciendo, "él fue herido
en la guerra. Piso en una mina de tierra y perdió un
brazo y una pierna. Él no tiene a donde ir, y quiero
que se venga a vivir con nosotros a casa."


- "Siento mucho el escuchar eso hijo.
A lo mejor podemos encontrar un lugar en dónde él
se pueda quedar."


- "No, Mamá y Papá, yo
quiero que él viva con nosotros."


- "Hijo," le dijo el padre, "tú
no sabes lo que estás pidiendo. Alguien que esté
tan limitado físicamente puede ser un gran peso para
nosotros.


Nosotros tenemos nuestras propias vidas que vivir, y no podemos
dejar que algo como ésto interfiera con nuestras vidas.
Yo pienso que tú deberías de regresar a casa
y olvidarte de esta persona. Él encontrará una
manera en la que pueda vivir él solo."

En ese momento el hijo colgó la bocina
del teléfono. Los padres ya no volvieron a escuchar
de él. Unos cuantos días después, los
padres recibieron una llamada telefónica de la policía
de San Francisco. Su hijo había muerto después
de haber caído de un edificio, fue lo que les dijeron.
La policía creía que fue un suicidio.


Los padres destrozados por la noticia volaron
a San Francisco y fueron llevados a la morgue de la ciudad
para identificar a su hijo. Ellos lo reconocieron, para su
horror descubrieron algo que no sabían, su hijo tan
solo tenía un brazo y una pierna.




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CONFLICTOS INTERIORES (PARABOLA)

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Un
anciano indio describió una vez sus conflictos interiores:

- Dentro de mi existen dos cachorros. Uno
de ellos es cruel y malo, y el otro es bueno y dócil.


Los dos están siempre luchando...

Entonces le preguntaron cual de ellos era
el que acabaria ganando.


El sabio indio guardó silencio un instante,

y después de haber pensado unos segundos respondió:


 - Aquel
a quien yo alimente.



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sábado, 29 de mayo de 2010

Suéltate


Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar una altísima montaña, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria solo para él, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció.
La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, se resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa. El alpinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y no tan gratos de su vida.
Pensaba en la cercanía de la muerte, sin embargo, de repente, sintió el fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña.
En ese momento de quietud, suspendido en el aire, no le quedó más que gritar: AYÚDAME DIOS MIO¡¡¡
De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
-¿QUE QUIERES QUE HAGA?
- Sálvame Dios mío
- ¿REALMENTE CREES QUE YO TE PUEDA SALVAR?
- Por supuesto Señor
- ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE...
Hubo un momento de silencio; el hombre se aferró más aún a la cuerda.
Cuenta el equipo de rescate, que al otro día encontraron a un alpinista colgando muerto, congelado, agarradas sus manos fuertemente a la cuerda... A TAN SOLO DOS METROS DEL SUELO...

Papa, ¿cuánto ganas por hora?

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El padre dirigió un gesto severo al niño y repuso:
-Mira hijo, esos informes ni tu madre los conoce.
No me molestes estoy cansado.
-Pero Papá -insistía el pequeño- dime por favor cuánto ganas por hora.
La reacción fue menos severa, el padre sólo contestó:
-Ochocientos pesos por hora.
-Papi, ¿Me podrías prestar cuatrocientos pesos? -preguntó el pequeño.
El padre muy enojado y tratando con brusquedad al hijo, le dijo:
-Así que esa es la razón de saber cuánto gano.
Vete a dormir y no me molestes, ¡muchacho aprovechado!
-Había caído la noche.
El padre había meditado sobre lo sucedido y se sentía culpable:
¡tal vez su hijo necesitaba algo!
-En fin, como quería descargar su conciencia dolida, se asomó al cuarto del niño.
Con voz baja preguntó: -¿Duermes Hijo? -Dime papá -respondió el niño.
-Aquí tienes el dinero que me pediste -respondió el padre.
-Gracias papá -contestó el pequeño y metiendo su manita bajo su almohada,
sacó unos billetes y dijo: Ahora ya completé, papi,
¡Tengo ochocientos pesos!
¿Me podrías venderme una hora de tu tiempo?

¿A quien alimentas?

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Un anciano indio describió una vez sus conflictos interiores:
- Dentro de mi existen dos cachorros.
Uno de ellos es cruel y malo, y el otro es bueno y dócil.
Los dos están siempre luchando...
Entonces le preguntaron cual de ellos era el que acabaria ganando.
El sabio indio guardó silencio un instante,
y después de haber pensado unos segundos respondió:
- Aquel a quien yo alimente.

EL TRIPLE FILTRO DE SÓCRATES

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EL TRIPLE FILTRO DE SÓCRATES
En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría
y por el gran respeto que profesaba a todos.
Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
- ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?
- Espera un minuto - replicó Sócrates.
Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen.
Yo lo llamo el examen del triple filtro.
- ¿Triple filtro? -Correcto -continuó Sócrates.
Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea
filtrar tres veces lo que vas a decir.
Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.
El primer filtro es la verdad.
¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
- No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y...
- Bien -dijo Sócrates. Entonces realmente no sabes si es cierto o no.
- Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad.
¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
- No, por el contrario...
- Entonces, deseas decirme algo malo sobre él,
pero no estás seguro de que sea cierto.
Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro:
el filtro de la utilidad.
¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
- No, la verdad que no. - Bien -concluyó Sócrates-,
si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil
¿para qué querría saberlo?
Usa este triple filtro cada vez que oigas comentarios
sobre alguno de tus amigos cercanos y queridos...