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martes, 11 de julio de 2017

Anécdotas curiosas (Reina después de muerta)



Terrible fue la venganza de Pedro, pero antes de darla a conocer, debe decirse aquí la parte novelesca de la historia de Inés de Castro, la leyenda admitida por la tradición, pero no probada por la historia. Dos años después murió el rey, llegó el infante a ocupar el trono y dicen que, mandando exhumar el cadáver de Inés, la sentó en el trono, haciéndola coronar y obligando así a los cortesanos a que le rindieran los honores debidos a una reina. 

El cronista Fernando López nada dice sobre esta exhumación y esta fantástica ceremonia. Algunos historiadores suponen que el origen de esta leyenda puede ser la costumbre que en Portugal había de besar la mano del cadáver de los reyes difuntos, o también de que en los siglos XIV y XV las efigies de los reyes, modeladas en cera, se colocaban sobre el túmulo funerario, y tal vez esta efigie de Inés fuera colocada por Pedro en el trono, obligando que a su imagen, y no a su cadáver, se rindieran los homenajes.

Los tres instigadores de la muerte de Inés, temiendo la venganza de su hijo Pedro, huyeron al reino de Castilla tras su ascenso al trono en 1357. En 1360 el rey de Portugal y el de Castilla alcanzaron un acuerdo para entregarse mutuamente a nobles huidos de sus respectivos reinos. De los tres instigadores de la muerte de Inés, Pedro Coelho y Álvaro Gonçalves expiaron de un modo terrible su crimen; al primero le fue arrancado el corazón por el pecho, y al segundo por la espalda; Pacheco consiguió evitar el castigo huyendo hacia Aviñón, en Francia.



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