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jueves, 24 de agosto de 2017

Breve historia de la mierda en el arte

Hacer un descubrimiento jugando con excrementos de elefantes.

 Las huellas de Laetoli (Tanzania) demuestran que hace 3,5 millones de años los homínidos ya caminaban de pie. Lo curioso es que se descubrieron cuando Andrew Hill y David Western, dos miembros del equipo de liderado por la antropóloga Mary Leakey, se aburrían tanto que empezaron a lanzarse estiércol de elefante. Cuando Hill se agachó a buscar más munición se dio cuenta de que estaba sobre las huellas.

Mierda de artista de Piero Manzoni

Mario Vargas Llosa habla en La civilización del especáculo de la banalización del arte contemporáneo en un capítulo que titula «Caca de elefante». Este título hace referencia a la obra de Chris Ofili, que en ocasiones utiliza este curioso material, pero al mismo tiempo es un término que Vargas Llosa usa para calificar al arte contemporáneo en general. El intelectual y premio Nobel tiene traca para todo el siglo XX, pero es especialmente duro con el arte pop, que nace asociado a la cultura del consumismo. Lo que Vargas Llosa deja entrever en su ensayo es que este arte es una verdadera mierda, a secas y sin rodeos, y lo cierto es que precisamente razón no le falta a veces: a partir del arte pop podemos decir que algunas obras de arte son auténtica mierda, pero no en un sentido valorativo sino literalmente, porque ‒ironías del arte, oiga usted‒ están hechas con excrementos de verdad o son homenajes a él.

El pionero en estas lides escatológicas es el autor de una de las obras más polémicas del siglo XX: Piero Manzoni. En 1961, un año antes del nacimiento oficial del arte pop y tres años antes de que Warhol creara sus Brillo Box, Manzoni llenó 90 pequeñas latas de metal con 90 gramos de sus propios excrementos y las etiquetó como Mierda de Artista en italiano, francés, inglés y alemán. Un guiño a los ready-mades. Aunque en realidad todo Manzoni era un guiño a Duchamp. Las latas fueron vendidas al peso según la cotización del oro del día. Un gramo de mierda por valor de un gramo de oro. Quizá suene a tomadura de pelo, pero las latas de Mazoni están en algunas de las galerías más importantes del mundo (entre ellas, el MOMA de Nueva York, la TATE Gallery de Londres o el centro Georges Pompidou de París) y una de ellas fue subastada en 2007 por 124.000 euros. Y esto incluso a pesar de que ha habido latas que han explotado por la expansión de los gases y de que, según confirmó Bonalumi, colaborador de Manzoni, había latas que no contenían mierda.

Performance de Fernando Pertuz

Pero la iniciativa de Manzoni parece una inocente broma infantil si se compara con las obras de los artistas a los que se refiere Vargas Llosa. Por una parte habla de Fernando Pertuz, que protagonizó en una galería colombiana la que seguramente es la performance más desagradable en el mundo del arte relacionada con excrementos. Pertuz defecó frente a un atónito público y después se comió sus propias heces untándolas en rebanadas de pan. Por otra parte, está Ofili y su caca de elefante. Ofili utiliza el estiércol de elefante para aplicarlo sobre sus pinturas o para construir bases sobre las que sostener sus lienzos. Su obra más polémica es La Santa Virgen María, una madonna negra rodeada de fotografías pornográficas y con un seno al aire hecho de estiércol de elefante. Actualmente la obra se encuentra en el Museo de Nuevo y Viejo Arte en Hobart, Tasmania.

Siobhan Meow posando con uno de sus cuadros

Utilizar excrementos de animales como pintura no es una idea tan original como pudiera parecer. Siobhan Meow es una artista neoyorkina que se ha hecho famosa por utilizar para sus cuadros el excremento de sus gatos. Todo empezó cuando uno de sus más de cien gatos se cagó y se orinó en uno de sus lienzos mientras jugaba sobre él. La excéntrica artista se dio cuenta de que no quedaba nada mal y decidió seguir experimentando. Sus cuadros hoy en día pueden sobrepasar fácilmente los 1.500 dólares. Y el caso es que en España también tenemos nuestra propia versión de pintor escatológico. Su nombre es Xoán Casal y ya desde pequeño se dedicaba a jugar con los excrementos de las vacas haciendo dibujos y formas con un palo. Un día se atrevió a aplicarlo sobre un lienzo y quedó encantado con el resultado. Los excrementos son cuidadosamente seleccionados y según afirma los cuadros no desprenden olor y son más duros que el cemento.

Complejo mierda de Paul McCarthy

La caca en el arte no siempre es el resultado de una propuesta polémica y rompedora o de la búsqueda de nuevos medios de expresión. En ocasiones es simple y llanamente comedia infantil, sin más. No hay otra forma de entender el Complejo mierda de Paul McCarthy. Esta obra es una gigantesca escultura inflable, del tamaño de una casa, que representa la caca de un perro. El catálogo de la muestra lo describía con esta fineza: «Un amplio espectro de ítems que forman un intercambio dinámico de zonas temporales y paralelas que se autoeclipsan». Esta maravilla de estructura estaba expuesta en el exterior del centro de arte Paul Klee de Berna, pero un golpe de aire hizo que se soltara y se fuera volando por los aires, causando varios destrozos y dando pie a un inolvidable titular como este: «Una mierda gigante siembra el caos en Suiza». También con sentido lúdico moldeó Mikahil Boppsov una cobra gigante con 400 kilos de estiércol congelado de vaca en la república siberiana de Sajá, en Yakutia. Se trata de un homenaje para celebrar el Año de la Serpiente del calendario chino, como también hiciera en el Año del Dragón. Mikahil hace estas esculturas sin demasiadas ambiciones artística, solo para que los niños del lugar pasen un buen rato mientras las hace.

Y por si nos vamos quedando sin excrementos con tanta obra de arte Wim Delvoye fabricó en el año 2000 Cloaca: la increíble máquina de hacer caca, exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Amberes. Por un extremo se introducen los alimentos en la máquina, que los procesa como si de un aparato digestivo vivo se tratara, y por el otro extremo expulsa las heces. La máquina era alimentada dos veces al día.

Museo de la caca

Hasta ahora has podido conocer a algunos artistas con una extraña fascinación hacia los excrementos, pero ninguno podrá llegar nunca a la altura de Sim Jae-duck, exalcalde de Suwon en Corea del Sur. Su obsesión llegó al extremo insano de construirse una casa con forma de una enorme taza de baño, que con el tiempo acabó por convertirse en un museo de la caca. Eso sí, planteado de tal forma que no hiera las sensibilidades de sus visitantes. En el museo de la caca veremos obras de arte inspiradas en váteres, antiguos baños de todas las épocas, esculturas de bronce de personas haciendo sus necesidades, y cómo no, una tienda de regalos con recuerdos escatológicos. Sim Jae-duck fundó también la Asociación Mundial de Baños para mejorar las condiciones sanitarias de los baños de diversas comunidades para reducir la incidencia de determinadas enfermedades transmitidas por la falta de higiene.

Después de este pequeño catálogo de artistas escatológicos parece difícil no darle la razón, por lo menos en parte, a Vargas Llosa. Es arte de mierda, literalmente de mierda. En valoraciones no voy a entrar, aunque no es menos cierto que lanzar juicios sobre algo que se desconoce tiene sus riesgos. Por si alguien quiere opinar con criterio, uno de los libros que más aclara el arte contemporáneo en este sentido es Después del fin del arte de Arthur C. Danto.

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